critica akira

Akira (1988) 09/05/2011
Una crítica de El Despotricador Cinéfilo

Año: 1988   Guión: Katsuhiro Otomo, Izo Hashimoto   Música: Shoji Yamashiro   Título original: Akira
Intérpretes:

Referencias externas películas: La sirenita, La bella y la bestia, Ratatouille


Hoy en día puede parecer irrisorio y hasta impensable que hubo un tiempo en el que el cine de animación era exclusivamente para niños; incluso suponía una gran vergüenza casi traumática que un adulto tuviese el deseo de ver películas animadas. Siempre recordaré cómo, en mi adolescencia, fui solo a ver (la hoy mítica) La sirenita y el dichoso taquillero me miró con ojos incrédulos, asomando incluso la cabeza para comprobar que no me acompañaba ningún mocoso infante.




Afortunadamente todos esos prejuicios desaparecieron dos años después, cuando el bombazo de La bella y la bestia demostró que el buen cine de animación es apto para todos los públicos y que, tanto grandes como pequeños, podemos disfrutar de estas joyas. En estos 20 años de la edad dorada de la animación hemos asistido al nacimiento de impresionantes películas animadas, sobre todo, claro, gracias a Pixar. Pues no para de desconcertarme cómo año tras año engendran una nueva Obra Maestra (la calidad de todas ellas está años luz de cualquier otro tipo de animación mundial). Un ejemplo significativo es Ratatouille, la cual me impactó tanto desde el momento del estreno que llevo reiterando desde entonces que es una de las diez mejores películas de todos los tiempos (tanto de animación como de imagen real).

Tras este extenso (y apasionado) prólogo, excusa decir que soy un amante del cine de animación; por eso tenía muchas ganas de saldar una cuenta imprescindible: visionar la legendaria Akira que tantos fans arrastra desde su estreno hace más de dos décadas. Pues bien, la experiencia no pudo ser más decepcionante, lo cual es una muestra más de lo dados que solemos ser a mitificar ciertos films nada más estrenarse y a cegarnos por sus fastuosos y tramposos efectos estéticos, conceptuales, visuales y sonoros.

No voy a negar que Akira es un sobrecogedor espectáculo apabullante repleto de ingenio, imaginación, fantasía, fascinación, acción, violencia y adrenalina. Incluso valoro con asombro el clímax catastrofista y la atmósfera hecatómbica y apocalíptica que transmite y que nos produce, ciertamente, mucho desasosiego, zozobra y ansiedad. Pero ¿dónde queda el guión? O mejor dicho, ¿dónde queda el desarrollo del guión? Pues parte de una premisa argumental muy interesante para luego perderse en explicaciones pseudofilosóficas de andar por casa.

Algunos defenderán que lo que menos importa es el guión, pues es ante todo un espectáculo visual y sensorial, pero no estoy de acuerdo, pues soy de la opinión de que se puede combinar perfectamente una cosa con la otra. ¿O acaso no hay películas magníficas visualmente con un estupendo guión detrás? En cierta manera me parece una falta de respeto a la inteligencia del espectador, pues plantea muchas preguntas y no resuelve casi ninguna. Es más, no es que no se limiten a justificar y explicar las dudas que ya va planteando, sino que, en un desbordante efecto de bola de nieve, plantea y acumula más dudas ¿metafísicas? sin responder a las anteriores.

Por tanto, la mejor manera de visionar Akira es desconectar tu cerebro -o, directamente, atiborrarlo de LSD- para que no te irriten esas trascendentales preguntas sin respuesta y, así, solo dejarte llevar por el delirante y postmoderno espectáculo visual.

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