critica amor en venta 1931

Amor en venta (1931) 12/08/2014
Una crítica de Father Caprio

Año: 1931   Guión: Lenore J. Coffee   Música: Charles Maxwell   Fotografía: Oliver T. Marsh   Título original: Possessed
Intérpretes:

Referencias externas cineastas:

Louis B. Mayer

Greta Garbo


Sean cuales sean las circunstancias económico-sociales por las que ha ido atravesando, en el último siglo, este mundo nuestro tan baqueteado, las miradas de gran parte de la población del globo se han dirigido a ese lugar mágico creador de sueños que ha sido y es Hollywood. Por descontado que no estoy desmereciendo otras filmografías, muchas de las cuales han alcanzado cotas de calidad equiparables e incluso superiores a una escuela americana en la que el negocio y las taquillas eran el principal objetivo de las Majors. Pero el lugar donde se forjaron los sueños de muchas generaciones ese es Hollywood. Pongan las excepciones que quieran pero acabará confirmándose la regla. Ese es mi parecer.




Y los espectadores norteamericanos de los años 30 con la Gran Depresión pisándoles descaradamente los talones, estaban ávidos de sueños y la mera posibilidad de que alguien tuviese la oportunidad de ascender en la escala social y aspirar a otra vida mejor, significaba como una bocanada de oxígeno limpio en los pulmones. Claro que el ascenso por la vía del esfuerzo y del trabajo, en lugar de sueño hubiese significado una utopía y la cosa no iba por ahí. En Possessed (Amor en venta) la mejora social de una agraciada joven trabajadora, operaria en una fábrica de cajas de cartón, y con un futuro gris en su pueblo de nacimiento, se logra gracias a su propia condición femenina y a un inconformismo nada habitual en la mujer de su tiempo.

Es esta rebeldía de una mujer fuerte la línea directriz de un film que tuvo problemas con las obtusas mentes censoras de algunos países, dada la relación extramatrimonial que mantiene Marian Martin (Joan Crawford) con Mark Whitney (Clark Gable), un rico abogado con ambiciones políticas, llegándose a rodar dos versiones, una con la mujer de Mark inválida y otra donde le engaña con el chofer. No hay que decir que en la primera de las dos versiones, la distribuida en UK, el infeliz marido mantiene una relación platónica con Marian hasta el fallecimiento de su esposa.

De todo menos de platónica puede calificarse la relación dentro y fuera de los platós de Joan y Clark, ambos casados en la vida real. Su relación fue muy comentada e incluso el propio Louis B. Mayer le conminó a que pusiesen final a la misma por la posible incidencia negativa de su adulterio en las taquillas. Sin embargo la relación entre los dos sea en la condición de amantes, sea en la de amigos se mantuvo hasta su muerte. Y es curioso que la propia Joan Crawford declarase que Clark probablemente no hubiese encajado bien en el rol de marido.

En definitiva, esta tercera película que hicieron juntos ambos actores y que dirigió Clarence Brown (habitual con Greta Garbo) es una cinta notable, encuadrable por sus “ligerezas” argumentales en el cine pre-code, que si bien no me atrevo a calificarla de obra maestra tiene elementos más que apreciables. La fotografía es excelente, los vestidos, la suntuosidad de unos decorados estilo art-decó y la composición maravillosa de alguna secuencia como aquella en la que Marian presencia la llegada de un tren a la estación de su pequeña localidad viendo, a través de las ventanillas, el lujo y el glamour al que ella aspira.

Una cinta al más puro y genuino estilo Hollywood interpretada por dos de los más grandes.

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