critica baby doll

Baby Doll (1956) 20/09/2010
Una crítica de Daniel Quinn
Director

Elia Kazan

Año: 1956   Guión: Tennessee Williams   Música: Kenyon Hopkins   Fotografía: Boris Kaufmanf   Título original: Baby Doll
Intérpretes:


Baby Doll es una extraña cinta que traza deliberadamente personajes con los que el espectador difícilmente va a identificarse. Esta situación, unida al efecto de película confusa en sus objetivos y a la caducidad de sus inclinaciones sensuales -por muy bien que se acaricie el velo del paladar con el pulgar Carroll Baker-, pueden conferir al metraje sensación de premiosidad, como si la película careciera de finalidad y clímax bien definido. Algo que se apunta pero no llega. En ese sentido, pesan más las batallas interpretativas que una trama que apuntala el metraje sin enganchar.




Pero las bazas de la película, por si hubiera que defenderla, van por otro camino. El cariz de humedad e instintos típicos de Tennessee Williams, la definición de caracteres perfectamente establecidos en ese sur arquetípico de boberías y ambiciones, y un tono de desenfado teatral muy de Kazan.

Muy de Kazan el efecto teatral de la peli, digo, no tanto el desenfado juguetón.

En todo caso, ese no tomarse en serio a los personajes le llega al espectador como separación y falta de implicación, por mucho que el realizador defendiera la opción de presentarlos desde una nada disimulada imbecilidad.

Lo mejor, como digo, son unas interpretaciones acertadas en sus intenciones paródicas y su efecto cómico a ratos logrado, pero que no evita un resultado general de cierta rigidez ya que, si bien el trío protagonista está en su salsa, el resto de elementos se dedican a orillar inseguros las intenciones de película alocada sin llegar a sumergirse plenamente en ellas.

Final de énfasis malogrado también, donde se ven típicas costuras de desenlace artificial que anda mejor en el texto que en su plasmación. Pero como siempre en Kazan, cineasta de calculada intelectualidad y dirigido compromiso artístico y social, más preocupado por construir obras que parirlas. Su cine es colección de efectos periféricos, era capaz de grandes logros con buenas interpretaciones, con un buen guión, y una buena fotografía. Como todos- diréis, pero en el caso de Kazan se quedaba ahí, no buscaba utilizar esos elementos para trascenderlos, sino que creía que en ellos debía concluir su mirada.

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Ha recibido 7 votos y está valorada con un 6,71.

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