critica el nacimiento de una nacion

El nacimiento de una nación (1915) 01/03/2013
Una crítica de Álvaro de la Cueva

Año: 1915   Guión: D.W. Griffith, Frank E. Woods   Fotografía: G.W. Bitzer   Título original: The Birth of a Nation
Intérpretes:

Referencias externas cineastas:

Victor Sjöström

Referencias externas películas: La carreta fantasma, El gabinete del doctor Caligari, El acorazado Potemkin


El nacimiento de una nación de D.W. Griffith es otra inmerecida "vaca sagrada" del cine que, de tener algún valor para el desarrollo fundacional del lenguaje cinematográfico (como dicen los entendidos), queda muy desacreditado por su discurso racista que, si hace 100 años ya fue polémico, hoy es intolerable para un espectador no excesivamente embrutecido.




La basurilla racista se concentra en la última hora de la película, teniendo su momento cumbre en la escena en la que unos "heróicos" jinetes encapuchados del Ku Kux Klan acuden prestos a impartir la justicia blanca al son de la wagneriana "Cabalgata de las Valkirias", escena que hay que tener estómago para digerirla y que, sólo por ella, me basta para atizarla directamente un suspenso.

Leo por ahí que el racismo de la película motivó que fuera boicoteada por los actores negros. En realidad, sí intervienen negros en la película pero siempre en papelillos comparseros, de extras, generalmente danzarines y entregados al "dolce far niente".

Cuando Griffith tiene que otorgar un papel que requiera un desarrollo dramático un poco mas elaborado (o, simplemente, una presencia mas larga en pantalla, léase un soldado o un criado) recurre a actores blancos con la cara pintada, con lo que los “negros” en esta película lucen como esos concejales disfrazados de Baltasar en la Cabalgata de los Reyes Magos. Desconozco si el extraño travestismo se debe a que los actores negros (en caso de que los hubiera profesionales ya en 1.915, lo dudo) rechazaran prestarse a ser cómplices del infame producto, o si fue Griffith el que reservó los roles protagonistas para "white men,only").

De los falsos negros, hay dos que tienen cierto protagonismo; son dirigentes de los Estados del Sur, que una vez tomado el poder, persiguen fieramente a los pobres blancos. Los nombres de los malvados son muestra de lo sutil de la peli (o de la novela en que se basa): uno es "Stoneman" (hombre de piedra) y el otro (por si existieran dudas de sus abyectas intenciones) Lynch...

En los intertitulos (cuyo fin en esta parte de la película no es ayudar a explicar lo narrado sino a soltar autenticas soflamas racistas) se alude al carácter "resentido" del "mulato" Stoneman (parece que por no poseer la pureza de la raza blanca).

La gesticulación de estos dos y la del (falso) negro lujurioso (que va violando jovencitas blancas) es descacharradamente exagerada y no se disculpa con el manido argumento de que esta era el patrón interpretativo de la época (por ejemplo: hace poco ví la Carreta Fantasma de Sjostrom posterior en sólo 6 años, de una sobriedad interpretativa notable, lo que revela el papel clave del Director- también entonces- para controlar la interpretación actoral).

La película vista hoy carece del interés que otros clásicos del mudo conservan por sus brillantes aportaciones al lenguaje del cine (El Gabinete del Dr. Caligari o un Acorazado Potemkin) y su alegato racista la arruina definitivamente.

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