critica el rencor cinefilo

El rencor cinéfilo 30/12/2012
Un artículo de El Despotricador Cinéfilo
Referencias externas cineastas:

Bruce Willis

Francis Ford Coppola

Julie Andrews

Steven Spielberg

Sylvester Stallone

Woody Allen

Jim Carrey

Humphrey Bogart


Es muy curioso lo pueriles que podemos llegar a ser  los cinéfilos, sobre todo durante la niñez y adolescencia, que nos sentimos como amantes despechados y traicionados cuando somos decepcionados por las expectativas que nos creamos ante nuestros ídolos cinéfilos. Recuerdo perfectamente que a mí me pasó cuando Spielberg estrenó en 1985 El color púrpura pues mi mentalidad infantil no podía concebir porqué hacía esos rollos de dramones pudiendo emplear su descomunal talento en hacer más películas de tiburones, extraterrestres o de Indiana Jones. Para mí fue muy doloroso, como una traición.

Por desgracia, no sería la única vez que me pasase eso, pues ya en mi infancia empecé a abordar todas las comedias de Woody Allen y que, de vez en cuando, estrenase esos aburrimientos bergmanianos tan serios, solemnes y profundos me sacaba de quicio pues yo esperaba siempre, de forma egoísta y dictatorial, que hiciese solo comedias hilarantes una tras otra. Luego ya en la adolescencia vinieron nuevas excepciones de este calibre como ¿qué hace Stallone o Bruce Willis haciendo películas que no son solo de acción? ¿Por qué Coppola no se ha dedicado solo a hacer películas de El padrino? ¿Por qué Jim Carrey no se limita solo a películas cómicas? ¿Por qué Julia Roberts no se dedica a hacer solo comedias románticas?, ¿Por qué Julie Andrews no se limitó solo a hacer maravillosos musicales?, etcétera.

Es decir, como cinéfilos que amamos a nuestros ídolos nos sentimos mal y resentidos cuando hacen otras cosas que nada tienen que ver con el motivo por el cual nos enamoramos de ellos. Y todo esto me ha dado por pensar qué inteligentes era el cine más clásico de Hollywood, sobre todo en los años 30 y 40, que raramente decepcionaban a sus fans. Antes se iba a ver una película de Bogart y sabías lo que te encontrarías, eran películas al servicio del personaje cinéfilo que había creado una estrella y del cual nos habíamos encandilado y, por eso, queríamos verlo continuamente en esas mismas situaciones y encima con la gran calidad del cine clásico. Y quién dice Bogart dice James Cagney, John Wayne, Shirley Temple, Errol Flynn, Cary Grant, Tyrone Power, Gary Cooper, James Stewart, Fred Astaire y un largo etcétera, es decir, ir al cine a visionar un producto creado exclusivamente a la imagen de esa estrella para así consolidar más la devoción que le tenemos. O incluso, rizando el rizo, también con directores porque antes se iba a ver una película a lo Frank Capra o a lo Hitchcock.

Ahora, en mi vida adulta, me hace mucha gracia recordar lo dolido, resentido y decepcionado que me sentí en algunos momentos de mi niñez y como ese resentimiento me cegó para no valorar muchas obras de autores que, hoy en día, sí que me parecen películas magníficas pero que, por mi rencoroso despecho infantil/adolescente, no pude en su momento apreciar.

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