critica la aventura 2

La aventura (1960) 05/02/2011
Una crítica de Bakunin

Año: 1960   Guión: Tonino Guerra, Michelangelo Antonioni, Elio Bartolini   Música: Giovanni Fusco   Fotografía: Aldo Scavarda   Título original: L´avventura
Intérpretes:

Referencias externas cineastas:

José Luis Garci


La aventura, de Antonioni, otra obra maestra del aburrimiento y de la tomadura de pelo. Considerar esta película como obra maestra me parece el colmo del esnobista cinéfilo con orejeras que trata con desprecio a aquellos que no están a su altura en “su conocimiento y sabiduría cinematográficos”. En el cine de Antonioni se habla para no decir nada. Todas esas zarandajas de la incomunicación entre las personas, de la pérdida de libertad, de innovación del lenguaje cinematográfico, son la tapadera que usan sus defensores para encumbrarlo sin merecimiento alguno.




La aventura (¡qué desfachatez llamar así a bodrio semejante!) consta de dos partes. La primera despierta algún interés por la desaparición de Ana, pero salvo el plano de la Vitti abriendo el ventanuco al amanecer (tampoco es para convertirse en onanista incondicional de ese plano) nada sobresale notablemente. Todo son secuencias a base de planos sobre cada uno de los personajes que no paran de dar vueltas por la isla buscando a la imbécil que ha desaparecido. La segunda parte es de lo peor que he visto en el cine. Planos y planos de la Vitti (su figura no coincide con mi gusto de hembra y su interior está tan vacío de contenido, tan poco interesante, que no sé qué coño quiere mostrarnos el director), pues eso, la Vitti ahora seria, ahora sonriendo de forma estúpida sin motivos o tarareando puerilmente. Vamos, que no me enamora sino todo lo contrario. Planos de habitantes machos de las islas, la clase baja, devoradores de cualquier mujer que se ponga a tiro (al menos devorándolas con los ojos). Planos de burgueses aburridos en fiestas insípidas sin que el director se atreva a diseccionarlos con vehemencia, ni siquiera con ironía. Planos y más planos de tiempos muertos y secuencias inútiles y monótonas hasta el infinito. Mucha visión neorrealista de la burguesía pero ceguera completa en cuanto a propuestas.

Los personajes son anodinos, pequeños burguesitos insustanciales como el Antonioni (nacido en una familia de clase media, él). Este marxistoide intelectual elevado a la cima por sus seguidores ha debido ejercer tal influencia hipnótica en ellos que les ha hecho enaltecer algo que sólo ellos ven, como ese supuesto cuidado por los diálogos.

No hay ni un solo diálogo enriquecedor en toda la película, salvo para aquel que sea tan nimio, trivial, vulgar, insignificante, insulso, superficial, intrascendente, etc., tan soporífero como Antonioni. Y decir (como dijo el señor Lamet en el coloquio tras la emisión de la película en el programa de Garci en Telemadrid) que el final “es el más bello final en la historia del cine” me parece de una presunción absoluta. Ya chocheamos, querido Lamet. Resumiendo: Señor Antonioni descanse en paz en el olvido, que aunque esté bien catalogado en el mundo del cine usted ha destacado por la ausencia total de personajes interesantes, por la ausencia total de acertadísimos guiones y por la ausencia total de adecuados y pulidos diálogos.

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