critica la evasion 1960

La evasión (1960) 29/05/2014
Una crítica de Álvaro de la Cueva

Año: 1960   Guión: Jose Giovanni, Jacques Becker, Jean Aurel   Música: Philippe Arthuys   Fotografía: Ghislain Cloquet   Título original: Le trou
Intérpretes:


Me gusta mucho el subgénero de fugas carcelarias pero me fastidia en la misma medida las faltas de verosimilitud de lo que se cuenta.

La evasión


La evasión recurre al consabido “basado en una historia real” para tratar de colar al espectador las patentes inverosimilitudes que la recorren de principio a fin.

- La apertura del agujero de fuga en la celda de los temerarios internos es delirante. Los fieros martillazos que administran provocan tal estruendo y escandalera que solo un espectador muy crédulo puede tragarse que semejante estrepito pase desapercibido en la prisión.

Antes, se nos cuenta que en la prisión están de reformas pero estas parecen a considerable distancia del martilleo impenitente de los reclusos como para confundirse con los trabajos en la celda. Para incrementar lo inaudito de la situación, Becket fija la cámara largos minutos en la tarea, para que reparemos en la atronadora tarea. Ya puestos, los presos podrían haber pedido un martillo hidráulico para garantizar la limpieza acústica de la operación. Pese a lo atronador de la empresa, por ahí no pasa un funcionario ya se venga el edificio abajo.

- Los reclusos se despiden de los funcionarios todas las noches moviendo la manita, saludando como si fueran tiernos infantes. Lo de la manita es para explicar que luego colocan un invento debajo de las mantas replicando el mismo movimiento (de esta manera se justifica las andanzas de los presos por las galerías subterráneas).

- Los internos son de un patoso notable en todas sus acciones. Tal desmaño en su comportamiento, sin embargo, carece de consecuencias. Véase la escena en donde dejan caer de golpe todo el material que acarrean produciendo gran alboroto, escandalera además amplificada por el eco de las galerías. Todo estruendo pasa desapercibido en una prisión de funcionarios muy duros de oído. Del material del que disponen los presos hay una lima mágica, pequeñita pero matona: pese a sus ajustadas proporciones troncha un sólido barrote de hierro de unos 10 cm de diámetro en menos de lo que se persigna un cura loco.

- En otra escena para ocultarse de los funcionarios (aquejados de hipoacusia) uno de los presos se sube encima de los hombros de otro rodeando con gran equilibrio una columna al mismo tiempo que la rodean los vigilantes. Solo falta la cabra haciendo equilibrios sobre el taburete para tener el circo ringling. No explican porque no les entra la risa.

- En la tarea de apertura del segundo túnel, el protagonista tiene la atención de llevarse una tiza para trazar una circunferencia de no menos de 1 metro de diámetro para señalar donde hay que picar, por si se desvía el tiro. La obra por sus proporciones se antoja más apropiada para una tuneladora de las de Gallardón. Otra vez se arrancan a martillazos, sin garantía alguna de lo que van a encontrar al otro lado, pero eso da igual, total…Durante esta operación hay un derrumbe donde el protagonista aparece ora con camiseta ora sin ella. No cuida Becket la credibilidad, va a estar en detalles tontos como los raccords.

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