critica lago ness

Lago Ness (1996) 22/03/2012
Una crítica de Diego Vinagre Nevado

Año: 1996   Guión: John Fusco   Música: Trevor Jones   Fotografía: Clive Tickner   Título original: Loch Ness
Intérpretes:

Referencias externas cineastas:

Billy Wilder

Referencias externas películas: La vida privada de Sherlock Holmes, Mi Monstruo y yo, King Kong


El lago Ness ha sido una fuente constante de atracción en nuestro pensamiento por todo el halo misterioso que impregna su leyenda y también por el romanticismo de sus maravillosos paisaje. Esta leyenda comenzó a tener una gran dimensión en el año 1933, cuando un periódico local publicó una información realizada por una pareja que había avistado a un monstruo marino nadando sobre la superficie; a partir de descripciones realizadas por otras personas, e incluso fotografías, extendieron aún más la rumorología sobre la existencia de un ser misterioso que poblaba las frías aguas del inmenso y estrecho lago; todo ello unido al estreno dentro del mundo del cine de la mundialmente famosa película "King Kong", despertó dentro del público una ola de fascinación hacia todo lo relacionado con lo monstruo.




Para encontrar las primeras señales de esta leyenda hay que remontarse hacia el año 565 D.C cuando el poeta irlandés San Columbano arribará al lago Ness y conocerá de boca de los lugareños de la existencia de un monstruo marino que había mordido a un hombre mientras nadaba. Con el transcurso de los siglos se hablará de la existencia de un espíritu maligno de las aguas en forma de caballo, denominado Kelpie viviendo en el lago. Posteriormente relatos nos hablan de una isla flotante que aparecía y desaparecía, hasta llegar a su momento álgido del siglo XX, donde nace la figura del Monstruo del Lago Ness, familiarmente llamado Nessie, quizás el "misterio" más difundido por la criptozoología, aunque la mayoría de los científicos y otros expertos afirman que las pruebas que apoyan la existencia de Nessie no son convincentes, y consideran dichos informes fraudes o identificaciones erróneas de criaturas reales.

El mundo del cine no podía estar ajeno a las posibilidades que el Lago Ness le podía ofrecer. Billy Wilder en La vida privada de Sherlock Holmes (1970) rodó los exteriores de la película en este sitio dotándolo incluso de un monstruo marino con corazón mecánico y forma de submarino. Más recientemente encontramos Mi Monstruo y yo (The Water Horse: Legend of the Deep) de Jay Russell, que convierte la leyenda del lago Ness en un cuento encantador protagonizado por un niño escocés, Angus MacMorrow cuya relación con una cría de plesiosaurio, va a convertir su vida en una mágica aventura.

La película que nos ocupa Lago Ness (1996), John Henderson narra la historia de un profesor universitario (Ted Danson) al que se le encomienda la tarea de demostrar la inexistencia de monstruos en el lago, en un intento de recuperar su prestigio perdido en fracasadas investigaciones y su moral hundida por el alcoholismo. Así pues, el tal doctor acude a esos bellísimos parajes para descubrir la verdad, con la ayuda de su casera (Joly Richardson) y de su hija Isabel ( Kirsty Graham) pese a las dificultades que interpone en su camino el personaje interpretado por Ian Holm un viejo y misterioso guardia de pesca, y la acabará descifrando, pero de una manera distinta a la que podía esperar como lo podemos apreciar en la parte final de la película.

La película en muchos aspectos resulta muy predecible y la búsqueda del monstruo, lo que podíamos considerar la parte de aventura de la película, muy mediocre, con situaciones muy repetitivas, sin ninguna emoción, que afortunadamente queda relegada en un segundo lugar reemplazada por las relaciones humanas, y la búsqueda de los misterios de las llanuras abisales del alma de las personas en perfecta conexión con el de las profundidades marinas, habitat del monstruo, donde la bondad de las personas es el mayor descubrimiento que podemos ofrecer al mundo.

En un primer momento, el Dr Dempsey llega con un objetivo claro, recuperar su honor perdido, y para ello tiene que demostrar la inexistencia de esa criatura fantástica, y romper con el dudoso título que porta dentro de su equipaje de fracasado cazador de monstruos, corroborado incluso por la casera, cuando le pregunta si este es su oficio. Cuando piensa que ha logrado su objetivo, encuentra una foto del anterior investigador que muestra una aleta de un ser extraño y esto le lleva a una realidad distinta: su recuperación definitiva como persona sería demostrar que algo misterioso puede encontrarse.

Allí surge las dificultades a la hora de emprender su labor; en primer lugar con el misterioso alguacil del lago que va a hacer todo lo posible, incluso provocando un accidente para sabotear la búsqueda de la verdad y salvaguardar todo lo que representa, invocando a los celtas y a sus 1400 años de historia, donde se mezclan la tradición y las raíces de sus antepasados que nunca podrá cambiar ni vencer el investigador con todos sus equipos técnicos modernos y nocivos.

El personaje de la pequeña druida representa la fantasía y la magia que todos quisiéramos tener y las ilusiones que nos queda por descubrir, y que ella quiere mostrárselas al doctor, llevándolo a las oquedades donde habitan los plesiosarius. Él traiciona su confianza cuando a la hora de contemplarlos en la cueva, realiza unas fotografías que provoca que los animales huyan. El reproche doloroso de la niña diciéndole que no van a volver y comprender que sus sueños infantiles han quedado rotos, junto a la conversación mantenida con el alguacil en el tren, le permite descubrir que la fama y el prestigio no son nada comparados con lo que puede perder: el amor, recién encontrado en su casera, el cariño que la niña constantemente le muestra, y el respeto hacia algo más grande que nuestro propio egoísmo, que en este caso es el simbolismo del lugar que tiene que convertirse en su hogar.

El homenaje más grande a todo ello será en el momento de la presentación de su descubrimiento en el marco incomparable del Museo de Historia Natural de Londres, donde va a mostrar una diapositiva borrosa y el dibujo de la niña del duendecillo del lago. El colofón final de la película, con la bella música de Trevor Jones que evoca los bellos parajes de Escocia y la imagen de los animales en el fondo del lago, con la voz de Rod Stewart y su canción Rhythm of my heart, supone un canto a la libertad y a los valores que siguen conservándose.

Como epílogo este resumen del precioso cuento de Oscar Wilde El hombre que contaba historias que guarda una gran relación con el mensaje de la película:

” Había un hombre muy querido en su pueblo, porque contaba historias, le preguntaban todos los días ¿ que has visto hoy ? y el respondía : he visto en el bosque un fauno que tocaba la flauta y que obligaba a danzar a un coro de silvanos y en la orilla del mar tres sirenas que peinaban sus verdes cabellos con un peine de oro y así todos los días.

Una mañana al dejar su pueblo como todos los días, al llegar a la orilla del mar vio tres sirenas, y a llegar al bosque vio a un fauno y a un corro de silvanos. Al llegar la noche, cuando regresó al pueblo, le preguntaron.

¿ qué has visto hoy?

Él respondió: no he visto nada.

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