critica los muertos andan

Los muertos andan (1936) 28/05/2012
Una crítica de Father Caprio

Año: 1936   Guión: Ewart Adamson, Robert Adams, Joseph Fields   Música: Bernhard Kaun   Fotografía: Hal Mohr   Título original: The Walking Dead
Intérpretes:

Referencias externas cineastas:

James Whale

Lon Chaney

Christopher Lee

Bela Lugosi

Peter Lorre

Peter Cushing

Vincent Price

Referencias externas películas: El ídolo, Frankenstein


La primera vez que Michael Curtiz trabajó con Boris Karloff fue en El ídolo, producción de 1931 donde interpretaba al progenitor ruso de un chiquillo que, con los años, acabaría siendo una de las estrellas del Gran Ballet. Pues bien, la elección de Karloff para el papel se decantó por un detalle: Curtiz creyó que era... ¡Ruso! El actor, cuyo verdadero nombre era William Henry Pratt, había nacido en Camberwell, Inglaterra, y aunque llevaba unos cuantos años en el mundillo del cine podemos decir, en disculpa de Curtiz, que, al tiempo del casting, no era famoso, aunque en el mismo año 1931 interpretó su primer gran personaje, el monstruo de Frankenstein en la película de James Whale.




Sé bien que los gustos son como los colores, cada quien tiene su preferido, y este que lo es, no pretende ser menos. Así que entre los grandes actores del terror que en el cine han sido, pongo en el pedestal de las adoraciones y los reconocimientos a Boris Karloff, aunque si alguno me cita a Lon Chaney no discutiremos. Para el resto: Lee, Lugosi, Lorre, Cushing o Price, y otros que seguro me dejo, diplomas de excelencia, medallas al mérito y encomiendas de honor, pero haciéndole pasillos al ruso, digo inglés.

The walking dead (título original de Los muertos andan), con claras reminiscencias a serie televisiva actual, es un film del año 1936 dirigida por el churrero Curtiz. Lo de churrero dicho sin intención peyorativa alguna pues los churros le salían por lo general buenos o muy buenos, aunque, como buen cineasta de encargo, los hacía en abundancia. Como prueba este film donde se atreve en una especialidad que no es propiamente la suya, por encargo de una compañía, Warner Bros. que, vista la cadena de éxitos de la Universal pretendía restarle cuotas en las Box Office. Y el film le sale resultón, digamos... francamente bien.

La trama es sencillamente la esperada, pero menos. Un exconvicto, John Ellman (Karloff) es acusado injustamente del asesinato del juez que en su día lo condenó. En realidad los culpables son una banda de gansters y prohombres de la localidad que no dudan en incriminar a un inocente, quien tras ser ejecutado en la silla eléctrica es devuelto a la vida gracias a los trabajos de un doctor especialista en el tema que ya había experimentado con animales. Sin embargo el comportamiento de Ellman cambia radicalmente al tiempo que parece ser poseedor de extraños poderes.

Entre el cine negro y la ciencia ficción, la película es un excelente exponente para el talento de Karloff quien nos ofrece dos interpretaciones al precio de una. Por un lado está el hombre que tras su periodo en prisión trata de incorporarse a la sociedad. Un buen hombre con talento musical, a quien las artimañas de unos indeseables convierten en cabeza de turco y victima propiciatoria. Por otro, esa extraña entidad (me resisto a llamarle hombre), que acaba regresando del otro lado, que parece arrastrarse como desubicada y que no cesa de demandar respuestas a sus incriminadores. Ahí encontramos al Karloff terrorífico capaz de congelar con la mirada y, convirtiéndose en una especie de diosa Némesis de ultratumba hacer justicia con los asesinos.

Es cierto que hay mucha fantasía en todo ello. Nadie pide que nos creamos nada, aunque hay unas referencias de pasada al tema de la resurrección, al tema de un Dios celoso con los suyos o a un estado de paz posterior a la muerte que dan que pensar... Sin embargo hay una anécdota curiosa y es la de un aparato mostrado en el laboratorio donde el Dr. Beaumont (Edmund Gween) revive a Ellman. que, al parecer es un artilugio real creado en colaboración entre el aviador e ingeniero conocidísimo Charles Lindbergh y el premio Nobel, Alexis Carrel, relacionado, servidor es profano en la matería – con el corazón y el sistema circulatorio. Quisicosas, que se decía antes.

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