critica nostalghia

Nostalghia (1983) 02/09/2009
Una crítica de Ricardo Pérez Quiñones

Año: 1983   Guión: Andrei Tarkovsky, Tonino Guerra   Fotografía: Giussepe Lanci   Título original: Nostalghia
Intérpretes:

Referencias externas cineastas:

Carl Theodor Dreyer

Referencias externas películas: El espejo, Stalker, Andrei Rublev, Ordet (la palabra)


El poeta ruso Andrei Gorchakov (Oleg Iankovski) visita Italia acompañado de una intérprete llamada Eugenia (Domiziana Giordano). Se hospedan en un hotel de Bagno Vignoni, donde conocen a un loco cuyo nombre es Domenico (Erland Josepshon).




“Nostalghia” fue el primer filme rodado por Tarkovsky fuera de la URSS. Se trata de su película más personal, junto a “Zerkalo” (El espejo, 1974), ya que los sentimientos de nostalgia que invaden al personaje del poeta, no son más que una extensión de la angustia del propio Tarkovsky, que se vio forzado a marcharse de su país como consecuencia del maltrato continuo al que se veía sometida su obra por parte de las autoridades soviéticas.

Tras alcanzar la madurez y consolidación de su lenguaje cinematográfico con “Stalker” (1979), el autor ruso crea una nueva obra maestra a partir de una puesta en escena milimétrica, en la que destacan la sublime composición de planos y las secuencias de larga duración sin cortes, enmarcadas por una cámara que se mueve de forma pausada.

La Italia que nos presenta Tarkovsky es una Italia brumosa y gris, rodeada por un halo de misterio, entendiendo el misterio tal y como lo hacía el filósofo alemán Josef Pieper. Es decir, no como algo exclusivamente negativo y referido a la oscuridad, sino como una luz, pero una luz de tal plenitud que el conocimiento humano es incapaz de percibir en toda su totalidad. Esa concepción del misterio, refleja a la perfección la filmografía del maestro ruso.

Para Tarkovsky, la realidad no sólo se limita a lo que vivimos, sino que también se compone de lo que recordamos o soñamos. Son esas ensoñaciones y recuerdos, en los que se utiliza un tono sepia, los que nos muestran el sentimiento de nostalgia del poeta; que permanece arraigado a la tierra de su patria, a la calidez de su mujer.

No obstante, no es la nostalgia el tema esencial de esta madura obra de arte, sino la falta de fe en el mundo, preocupación que invade las tres últimas películas de Tarkovsky. En su cine, los personajes con fe suelen ser personas aisladas del mundo en el que viven, seres marginales incapaces de encajar en su sociedad. Normalmente es el sacrificio lo que permite a esos personajes alcanzar su lugar propio en la existencia, como ocurría con el voto de silencio del monje en “Andrei Rublev”, las peligrosas idas y venidas hacia la Zona del protagonista de “Stalker” o la renuncia a sus bienes más queridos del personaje de Alexander en “Offret”. Aquí asistimos a dos actos de sacrificio o fe (protagonizados por el loco y el poeta), y es que si Dreyer filmó en “Ordet” el milagro más hermoso de la historia del cine, Tarkovsky nos muestra una acción de fe infinita, atravesar una piscina con una vela encendida para salvar al mundo (memorable traveling de ida y vuelta).

En definitiva, todo es perfecto en “Nostalghia”, una película que merece ser saboreada con calma y afán contemplativo. Sólo el plano final de la misma ya merece su visionado. Imprescindible.

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