critica siete mujeres 1966

Siete mujeres (1966) 12/01/2014
Una crítica de El Despotricador Cinéfilo
Director

John Ford

Año: 1966   Guión: John McCormick, Janet Green   Música: Elmer Bernstein   Fotografía: Joseph LaShelle   Título original: Seven women
Intérpretes:

Referencias externas cineastas:

Carlos Pumares

Eddie Albert

John Wayne


Mi ingenuidad cinéfila me sorprende más a menudo de lo que yo pensaba, pero vamos, yo encantando con ello, porque cuando ya pensaba que, tras verme cerca de un centenar películas del Maestro Ford, había disfrutado de sus mejores obras descubro inesperadamente que la última (y muy desconocida) película que rodó en su extensa filmografía, Siete mujeres, es una auténtica joya a reivindicar desde ya.




No sé por qué razón nunca he tenido especial interés por verla, nunca me ha llamado la atención y de hecho de niño el único comentario que escuché (al extremadamente fordiano) Pumares fue lo suficientemente desganado como para aniquilar mi motivación por verla. Pues bien, desde ya ratifico que estamos ante una obra mayúscula fordiana a la altura de otras películas de mayor renombre de ese mismo periodo.

Puede que a muchos, empezando por mí mismo, descoloque e impacte que una película de Ford esté totalmente interpretadas por mujeres (salvo Eddie Albert en un pequeño pero decisivo papel) y que ese entorno esté tan alejado de su particular universo fílmico (siempre tan varonil, misógino, machista, testosterónico, etcétera) pero el resultado no puede ser más sorprendente y notable, así como una bofetada para todos los que creíamos conocer tan a fondo la obra de su genial autor. Ya que estamos ante una obra extremadamente liberal, feminista, transgresora y muy bien contada. Que detalla con destreza, vigor y maestría los peligros y la futilidad del falso puritanismo y la religión, lo miserable que puede llegar a ser el ser humano en sus actos, la violencia soterrada en la condición humana y sobre todo el sentido de la verdadera lealtad, generosidad, bondad y el sacrificio personificados en el personaje de una magistral Anne Bancroft en uno de los mejores papeles de su carrera, tan convincente en un difícil papel del que sale airosa, como si se tratase del mismísimo John Wayne en muchas de las demás obras fordianas. Eso sí, sería muy injusto solo alabar la labor de Bancroft cuando el resto de las actrices están todas a gran altura.

Pero no es esto lo que más me gusta de la película. Ni lo que más me ha sorprendido. Lo que me llama la atención es como muy sutilmente está inundada de múltiples matices muy políticamente incorrectos para la época (y más viniendo de un director tan… digamos… conservador como Ford): Esas indirectas, toques, deseos contenidos y miradas lesbianas entre la madura directora y la sumisa y virginal Sue Lyon, esa visión atroz del hombre en todas sus vertientes (ya sea como salvaje brutal asiático, como calzonazos domado por su dominante mujer, como incompetente de solucionar nada si se compara con las mujeres, …), esa crítica desalmada al falso puritanismo y al mal uso que se hace de la religión por muchos, etcétera.

Resumiendo ¿quién podría haber dicho o imaginado de Ford que acabaría haciendo en su última película uno de las análisis y disecciones de la psicología femenina más memorables e interesantes? La respuesta esta cuestión es la causa de porqué amamos tanto al cine.

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