critica toni erdmann 2016
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Toni Erdmann (2016) 06/02/2017
Una crítica de Aurea García Fernández
Director

Maren Ade

Año: 2016   Guión: Maren Ade   Fotografía: Patrick Orth   Título original: Toni Erdmann
Intérpretes:


Inés trabaja como ejecutiva en una importante empresa alemana en Bucarest (Rumanía). Su padre viejo profesor de Música en una escuela infantil se presenta de improviso a visitarla. Su perfecta y robotizada existencia se ve conmocionada. Entonces el padre se inventa un personaje imaginario en un último y desesperado intento de comunicarse con su encorsetada hija: Toni Erdmann.




No es fácil hablar de esta película que bajo su apariencia simplista esconde una gran complejidad sutilïsima que deja descolocado y absorto al espectador. ¿Quién dice que le sobra metraje? Yo hubiera seguido sentada en la butaca un rato más si hubiera sido necesario.

El relato está sustentado sobre estas dos personalidades contrapuestas:el viejo profesor bromistra y estrafalario y su pluscuamperfecta hija fria y autocontrolada que se está labrando una brillante carrera profesional como ejecutiva empresarial en Rumanía pero ¿a costa de qué?

Sin duda hay más, claro está, y la directora consigue con un material aparentemente banal una sutilísima película que un extraordinario montaje muy bien medido y calculado(tardó 3 años en montarla) nos va mostrando no sólo las mil capas emocionales de los personajes sino, y esto es lo interesante, de la propia sociedad europea que estamos viviendo y muchos malviviendo.

Para ello es clave el tercer personaje en liza, el que se inventa Winfried, el padre de Inés y que da título a la película es decir Toni que puede ser un coach o un inversor si viene al caso o incluso el mismísimo embajador de Alemania en Bucarest si hace falta, eso depende de a quien tenga delante y para ello se vale sí, claro, de un disparatado disfraz pero sobre todo usando el mismo lenguaje que usa su hija, un idioma vacuo de meras apariencias, de tarjetas profesionales, de falsas meritocracias con lo que el personaje inventado resulta ser un espejo en el que ella se ve reflejada: deshumanizada, absurda, tensa, en movimiento continuo sin un sólo segundo para la reflexión.

La poderosa Centroeuropa se encuentra con la Europa del Este machacada por infinitos años de dictadura presentándonos una comunidad internacional, incluida la china, que habla cualquier idioma menos el idioma local y que mirando desde arriba decide que es "lo mejor" para el terreno que pisan, ya sea la agricultura a gran escala como ha estado pasando en los pueblos de algunas comarcas expropiando tierras a los campesinos a cambio de humo, o como en la película expropiándolas para la extración de un improbable petróleo a beneficio de las grandes multinacionales destrozando las tierras de los indefensos campesinos. Y de paso destruyendo empleos.

Es decir que los encuentros paterno-filiales no funcionan. Entre paises tampoco pero la directora opta por la comedia a veces surrealista a veces disparatada siempre divertida, eso sí comedia sutilmente dramática que a la larga es más eficaz: no abandonemos nunca el humor repite el padre y así vamos de sorpresa en sorpresa en una alocada pero medida carrera que nos cuenta no sólo la peripecia familiar sino también muy sutilmente (y perdón por la repetición de "sutil" pero es que sale sin querer tratando de esta peli) "otra cosa" en una lectura fuerte y personal de Moren Ade de la Europa que estamos viviendo desde la caida del Muro de Berlín.

Aunque la directora en rueda de prensa en Madrid ha dicho que no piensa sus guiones con música, lo cierto es que en este la música está usada muy eficazmente para remarcar esa grieta generacional que se nos muestra. Un padre humanista hijo del Mayo Francés del 68 que ha educado a su hija en esos principios e Inés que vive su época y sus principios totalmente antagónicos. Hay dos canciones separadas por 25 años que marcan esa brecha de un lado "Safe and Sound"(2011) de Capital Cities que se escucha en la discoteca en la que los amigos de Inés se contorsionan, música electrónica con letra esperanzadora y la otra es "Greates Love of All" de Whitney Houston cantada a la desesperada y desde las entrañas acompañada al piano del padre por Inés forzado por la situación pero tal vez recuperando felices y relajados momentos de la infancia. Para mí un inesperado y emocionante momento.

Momento que nos da pie para hablar de las extraordinarias interpretaciones de todos, pero muy especialmente del renombrado actor de teatro austríaco Peter Simonischek, que no sólo ha de interpretar al viejo profesor bromista sino reinterpretar al mismo tiempo al personaje inventado Toni: todo un alarde. Y Sandra Hüller que interpreta a esa robotizada y atractiva Inés con el cuerpo, la voz,la inenarrablemente expresiva mirada y sobre todo el gesto amén de las palabras, claro.

Esta frase de la directora nacida en 1976 según creo puede servirnos de colofón: "Para mí la generación de mi padre la asocio siempre en mi mente como una isla que se hunde, y realmente es triste, pero los culpables de que esta isla se hunda somos nosotros, nuestra generación". Pero yo Áurea añado: las islas emergen de nuevo como el Guadiana cuando menos se espera. Vayan a verla señores.

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