critica tovarich 1937

Tovarich (1937) 19/02/2014
Una crítica de Father Caprio


El hábitat natural de la realidad histórica con toda seguridad no es el cine. Puede estar en la literatura, especialmente en los anales de los hechos ocurridos o incluso en documentales especializados y con toda seguridad la hallaremos en las tradiciones orales, pero el cine es un medio generalmente parcial o, cuando menos, distorsionador. Dicho esto, estaré de acuerdo en que algunos films tratan de reflejar la verdad histórica casi religiosamente. Excepciones que confirman la regla que se dice.

Tovarich es una película que, nos sitúa frente a la revolución rusa, desde el punto de vista de una aristocrática pareja exiliada en París. Los casi 500.000 exiliados que se refugiaron en Francia huyendo de la revolución bolchevique, seguro que no serían todos aristocráticos. También habría campesinos, cosacos adeptos al régimen zarista y otros colectivos no tan favorecidos. Pero las vicisitudes para sobrevivir de una aristocrática pareja de rusos “blancos” no debe confundirnos e imaginar que las cosas fueron distintas. Esto es una película de entretenimiento y no más. Para quien busque crudezas históricas le recomiendo El Don apacible una epopeya histórico-literaria inmensa en todos los sentidos convertida en una excelente película de Sergei Gerasimov.

Los actores y el director tienen en común su procedencia europea, Litvak, ruso, quien recientemente había emigrado a los EEUU, y por otra parte tanto Claudette Colbert como Charles Boyer, franceses de nacimiento. Así mismo, resulta curioso un film sobre emigrantes rusos en París, con diálogos en inglés y subtítulos (si es el caso) en español. Esto es cine, y las cosas son así. Nada que decir en cuanto a la elección de Claudette, aunque se rifaron otros nombres como Miriam Hopkins, Kay Francis o la mismísima Bette Davis, pero uno de esos intercambios entre “majors” posibilitó la presencia de una actriz en el cenit de su carrera después de haber protagonizado films tan importantes como Cleopatra de Cecil B. de Mille y sobre todo Sucedió una noche de Frank Capra. Por su parte, Charles Boyer era todo un actor de garantías que venía de realizar junto a Marlene Dietrich, El jardín de Alá. La química entre los dos es uno de los puntos fuertes del film y contribuyó a su éxito.

Por último, mencionar o, si lo prefieren, recordar como en aquellos años las productoras trataban de jugar sobre seguro haciéndose con los derechos de musicales de éxito en Broadway para sus películas. El Olimpo del espectáculo no estaba tanto en Hollywood como en Broadway. En este caso no solo hubo musicales previos sino que incluso por los años 60 hubo otra incursión, no tan exitosa, en el mundo del musical con la participación de Vivien Leigh. Esto nos da una idea del tirón de esta historia donde la aristocracia zarista acaba en el servicio doméstico de la clase capitalista y financiera parisina.

En resumen, película de entretenimiento, que cumple lo que promete. Bien interpretada por los actores mencionados y también por un Basil Rathbone, pre Holmes, cuya imagen nos cuadra con la de un comisario bolchevique. Consigue sonrisas, lo cual, en el cine de nuestro salón es mucho, tiene un toque a My Man Godfried (Al servicio de las damas) de Gregory La Cava y en conjunto no defrauda.

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