critica vicky cristina barcelona

Vicky Cristina Barcelona (2008) 01/11/2008
Una crítica de INP
Director

Woody Allen

Año: 2008   Guión: Woody Allen   Fotografía: Javier Aguirresarobe   Título original: Vicky Cristina Barcelona
Intérpretes:

Referencias externas cineastas:

Pedro Almodóvar

Referencias externas películas: Manhattan


La última película de Woody Allen es una tragicomedia de tintes almodovarianos llena de contrastes y claroscuros que, bajo una cierta apariencia de ligereza, intenta captar la esencia del alma española.




Nada más apropiado para tal fin que el Esperpento, pues, como nos dice Valle-Inclán a través de Max Estrella, "el sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada". Esperpéntica es la realidad distorsionada que nos muestra el film en la cual desfilan una serie de personajes estereotipados, grotescos y hasta absurdos.

Las dudas y las angustias existenciales tan del gusto de Woody Allen aparecen más claramente reflejadas en dos personajes tan opuestos, sobre todo en su forma de ver la vida y el amor, como son Vicky y Cristina. La morena, una sensata estudiante prometida a un acaudalado hombre de negocios y, la rubia, una aventurera en constante búsqueda de nuevas experiencias que no acaban de satisfacerla.

En un ámbito distinto, bohemio con toques decadentistas, aparentemente alejado de la sociedad burguesa, aunque exquisito, intelectual y refinado se mueven Juan Antonio, el fascinante pintor abstracto y Maria Elena, su ex-mujer, pintora exaltada, visceral y apasionada con la que mantiene una relación de amor-odio.

Penélope Cruz es, sin lugar a dudas, lo mejor de la película, su interpretación es excelente, sobre ella recae todo el peso fílmico. Ella salva al espectador del tedio. En el histrionismo de su personaje reside, además, toda la hilaridad del film, ese humor no exento de cinismo que arranca carcajadas.

Tampoco podemos olvidar la ciudad, Barcelona con su arquitectura barroca, como un personaje más en este enredo amoroso, no es sólo el espacio en el que transcurre y por el que discurre la película como una visita turística, que tanto ha molestado a los habitantes de la ciudad por no sentirse reflejados, pero que es precisamente la imagen que, de acuerdo con el punto de vista adoptado, quiere darnos el director.

Al ritmo de música tan extraordinaria como "Entre dos aguas" de Paco de Lucía, un "leit motiv" a lo largo del film, pero cuya adecuación a la película no deja de ser cuestionable, avanza este viaje turístico por Barcelona y Oviedo, al tiempo que nos acompaña una voz en off que aporta cierto distanciamiento, pero resulta innecesaria, a pesar de las múltiples elipsis que dan agilidad al film.

Conviene destacar también el valor que tiene el lenguaje en la película, de ahí que sea imprescindible verla en versión original, pues el doblaje desvirtúa completamente la esencia de Vicky Cristina Barcelona, una historia de verano contada desde el punto de vista que puede tener cualquier turista norteamericano. Emblemáticas y especialmente ilustrativas tanto de la importancia del lenguaje como de esa especial manera de mirar la realidad, que es el Esperpento, son la escena en la cual aparece una bellísima y muy sensual Penélope Cruz pintando y la posterior, en la que discute con Bardem en español mientras una atónita Johanson los observa desde arriba, una "manera muy española, manera de demiurgo", de mirar el mundo artísticamente. Adquiere aquí el lenguaje algo de enigmático.

Yerran, por tanto, quienes la califican de comedia ligera, así como quienes ven en ella un producto demasiado alejado del estilo del director neoyorquino, pues, en el fondo, el propósito sigue siendo el mismo que el de otras de sus películas: hacer una crítica de la sociedad burguesa y acomodada.

Ese romanticismo exaltado, plasmado principalmente a través de la conflictiva relación entre la pareja de pintores, donde se funden Eros y Thánatos, no deja de ser sino una caricatura. Hay una clara intención satírica, una burla, en esa representación de unos personajes hiperbólicos donde se dan todos los tópicos de lo español. Porque el director de Manhattan plantea la misma reflexión que el Esperpento: ¿se trata de una imagen deformada de la realidad o de la imagen fiel de una realidad deforme?

Y al final, como un idilio estival que apenas detuvo sus vidas durante unas vacaciones, todo se diluye y los personajes, al igual que los espectadores, vuelven a su rutina.

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